La verdad es dolorosa. En el fondo, nadie quiere escucharla, especialmente cuando afecta a lo cercano. A veces decimos la verdad porque la verdad es todo lo que tenemos para dar. A veces, decimos la verdad porque necesitamos oírlo bien alto para oírnos a nosotros mismos. Y a veces, decimos la verdad porque no podemos más. Y a veces lo decimos porque debemos. Al menos, sólo eso.
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